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Nostalgia restauradora, normas sociales y control social en entornos humano-máquina
Resumen
Las normas descansan en lo que cada uno cree que los demás piensan, hacen y sancionarían. En los entornos digitales, parte de esas señales la producen máquinas: voces que nadie sostiene, aprobaciones que nadie otorga y sanciones que nadie aplica. La tesis pregunta qué queda de las normas y del control social cuando «los demás» incluyen agentes artificiales.
La pregunta se estudia en un terreno donde el orden social está explícitamente en disputa: la nostalgia restauradora, es decir, los reclamos públicos de volver a un orden pasado que se presenta como perdido. En el mundo hispanohablante adopta la forma de nostalgia por órdenes autoritarios; en el Reino Unido, la de nostalgia por un orden nacional y étnico.
La tesis estudia cuánto pesa una voz artificial en la percepción de la norma que regula esos reclamos, cómo cambia la disposición a expresarlos y a sancionarlos, y cuándo ese peso basta para desplazar la norma a escala colectiva. Combina un estudio exploratorio de trazas digitales en comunidades hispanohablantes, un experimento en línea en el Reino Unido con un brazo en España, y un modelo basado en agentes.
1 Problema
El orden social y las normas sociales son conceptos fundacionales de la sociología y de la psicología social. La tradición clásica explicó el orden por valores compartidos que los individuos interiorizan (Parsons, 1937). Una línea posterior mostró que no hace falta tanto consenso: basta con que cada uno espere que los demás cumplan y sancionen, y con que la conducta observada confirme esa expectativa (Bicchieri, 2006; Elster, 1989). En esta visión, la norma no es el comportamiento aceptado, sino lo que cada persona cree que los demás hacen, aprueban y sancionarían. Esas creencias hacen que el orden sea estable, porque se refuerzan mutuamente, y a la vez frágil: si cambia la percepción de lo que piensan los demás, el orden puede cambiar sin que cambien las convicciones de nadie. Por esa vía actúan también los movimientos sociales y las políticas públicas, que cambian normas al cambiar lo que se cree que los demás piensan (Tankard & Paluck, 2016). La investigación ha estudiado cómo se forman y cambian estas expectativas entre individuos, grupos e instituciones, pero siempre bajo un supuesto: que los demás son personas.
Kuran mostró que la distancia entre lo que se piensa y lo que se dice puede sostenerse largo tiempo y romperse de golpe cuando cambia la percepción de lo que piensan los demás (Kuran, 1995). La evidencia experimental confirma el mecanismo. Cuando un acontecimiento revela que una posición estigmatizada es más popular de lo que se creía, aumenta la disposición a expresarla y disminuye la sanción a quien lo hace (Álvarez-Benjumea & Winter, 2020; Bursztyn et al., 2020). Cambia la creencia sobre los demás, no necesariamente la actitud propia.
Esta literatura trata las señales sociales como información sobre personas, y ese supuesto ya no es inocuo. Una fracción de las voces visibles en plataformas la producen cuentas automatizadas, y los modelos de lenguaje abaratan la fabricación de multitudes aparentes (Schroeder et al., 2026). La revisión programática del laboratorio sugiere que los bots influyen menos en las opiniones que en la confianza para expresarlas, y que por eso pueden activar la espiral del silencio (Tsvetkova et al., 2024). Bail propone usar la IA generativa para reconstruir el «sentido social», los entendimientos compartidos sobre lo aceptable (Bail, 2024). Esta tesis invierte la pregunta: cómo altera ese sentido social la presencia de agentes artificiales.
Los agentes artificiales han emergido como un nuevo tipo de participante en la vida social. Ya no solo median la comunicación entre personas: opinan, aprueban y sancionan en los mismos espacios donde la gente infiere qué piensan los demás (Tsvetkova et al., 2024). Esta tesis estudia ese problema en un terreno donde el orden social está en disputa: la nostalgia restauradora. A diferencia de la nostalgia reflexiva, que añora un pasado sabiendo que no volverá, la restauradora pretende reconstruirlo y se presenta como verdad y tradición (Boym, 2001). Sus efectos están bien documentados: refuerza la identificación con el propio grupo (Wildschut et al., 2014) y alimenta la idea de que el país pertenece a quienes llegaron primero y, por esa vía, la oposición a los derechos de las minorías y a la inmigración (Mols & Jetten, 2014; Smeekes et al., 2015). Suele hablar, además, en nombre de una mayoría silenciosa que pensaría lo mismo pero no se atreve a decirlo, y que vive la sanción social como censura (norris2019?). Esa mayoría no necesita existir para que la creencia en ella opere: basta una señal de que existe para que cambie lo que se dice (Bursztyn et al., 2020). Si esas señales pueden fabricarlas máquinas, las normas, y con ellas el orden social, podrían desplazarse por una mayoría que no existe. Esa es la pregunta de esta tesis.